Breves reflexiones sobre la actitud ante la práctica.

enero 25, 2011

Un alumno nuevo que llegó con una alta carga de ansiedad me llevó a las siguientes reflexiones sobre algunos aspectos de la práctica de tai ji quan, y pienso que ellas pueden ayudar a incorporar los contenidos de esta disciplina, especialmente para quienes se inician.

En concreto, este alumno me pedía que lo corrigiera más cuando realizaba ejercicios en los que se trabaja respiración y movimiento de energía. Éstos tienen como objetivo concentrarse en el aquí y el ahora, tomar plena conciencia de lo que ocurre en nuestro interior. Este alumno sentía que lo llevaban a “volar”, y me pedía que lo ayudara, mediante las correcciones, a bajar a tierra. Sin embargo, cuando le propuse un ejercicio sencillo a realizar a diario –para así poder corregirlo–, me contestó que no tenía tiempo para practicar porque era una persona sumamente ocupada.

Hasta aquí la anécdota, la base de estas reflexiones.

El stress, mal de nuestros tiempos.

Es contradictorio, pero cuando necesitamos bajar la ansiedad es frecuente el rechazo a lo que nos haría bien.

Así mucha gente acude a las clases de tai ji quan porque escuchó que su práctica es beneficiosa ante problemas de ansiedad o estrés. Sin embargo, al encontrarse frente una serie de ejercicios a realizar con cierta lentitud, manifiestan que no es para ellos, que necesitan descargar más energía. Parecen no darse cuenta ni saber que justamente la principal consecuencia del estrés es un desgaste de energía que es perjudicial a la salud.

Entonces como primer punto, es necesaria la paciencia. Si en los primeros tiempos de práctica venimos muy estresados o ansiosos, podemos generar un rechazo a la sensación de bienestar. Pero de persistir practicando, esa situación no va a demorar en cambiar.

Por otra parte es bueno volver a aclarar que consideramos que los beneficios a la salud que ofrece la práctica del tai ji quan no constituyen un objetivo en sí mismo, sino son consecuencia natural de la práctica.

En segundo lugar, hay que practicar aunque más no sea quince minutos al día, todos los días.

La práctica diaria es lo que aporta salud y longevidad.

De nada sirve asistir a clase una o dos veces a la semana, donde se trabaja en pos de una relajación profunda, si luego vivimos corriendo y nos olvidamos de que ese mundo existe. En la clase siguiente tendré que recomenzar de cero. El tai ji quan es una práctica de apariencia suave y de resultados muy profundos cuando se es constante en el trabajo.

En el mismo sentido, es importante comenzar a aplicar en la vida cotidiana diversas herramientas que nos son útiles para la práctica. Sobre todo mantener una actitud atenta y relajada, controlar nuestra postura, siempre tratando de disolver las tensiones, y poner atención a que nuestra reacción a los estímulos exteriores sea lo más armoniosa posible.

En tanto arte marcial, comparte con otras disciplinas como uno de los principales objetivos lograr un crecimiento interior que nos permita mejorar nuestra capacidad de adaptación al medio en que vivimos.

Otro punto importante, debemos buscar una actitud de serenidad en la práctica, no importa cuánto tiempo se le dedique. Mejor poco pero de calidad, y no mucho y a las corridas. Cualquier ejercicio, por sencillo que sea, si lo realizamos diariamente y en la actitud correcta, aportará a mejorar nuestra práctica, y por ende nuestra salud. Lo mismo se aplica a las pretensiones; no por aprender muchos ejercicios, técnicas y estilos rápidamente vamos a lograr más beneficios. En la práctica lo importante es poder profundizar en el contenido de lo que paulatinamente vamos asimilando.

Finalmente, mirando mi experiencia a lo largo de algunos años de práctica, considero que el mejor rédito se logra al dejar de lado las expectativas de éxito a corto plazo. Me llevó algunos años comprender que el tai ji quan es un raro tesoro a descubrir poco a poco. Una especie de tesoro arqueológico; no se puede desenterrar con una pala mecánica, hay que ir descubriéndolo con mucha paciencia. Y lo maravilloso de este tesoro es que cuantas más piezas desenterramos y vamos uniendo para armar el rompecabezas, más cosas nos damos cuenta que hay por descubrir.

Víctor Pagani

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Yi: el poder de la intención.

noviembre 11, 2009

Uno de los diez principios del Taijiquan, dictados por Yang Chen Fu a Chen Wei Ming, es “Usar Yi y no Li”, o bien “Usar la mente y no la fuerza”.

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Yang Chen Fu, padre del estilo Yang tal como lo conocemos.

Además de este texto, un sinnúmero de tratados clásicos acerca de este arte nos hablan de la importancia de “Yi” para la práctica, y básicamente podrían resumirse en el siguiente aforismo: “Yi mueve a Qi (energía) y Qi mueve al cuerpo”.

Como siempre que se pasa un texto del idioma chino al español, la falta de equivalencia semántica entre los ideogramas y las palabras nos plantea una barrera que impide la traducción literal de los términos. En algunos casos (“Li” y “Qi”, por ejemplo), esto no afecta particularmente la comprensión de los textos originales, pero en el de “Yi”, se presta para severas confusiones que exigen que expliquemos algunas cosas.

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Yi

Si realizamos un brevísimo estudio del ideograma “Yi”, veremos que representa “la palabra del corazón” o bien “la expresión del corazón”. Esto nos habla de una mente ligada a la acción y no al razonamiento, o al decir de Víctor Becerril Montekío es “el deseo, objetivo, finalidad, idea, opinión, orientación del pensamiento”(1). Nuestra idea occidental de mente, en cambio, está estrechamente ligada a la entelequia, a la elucubración mental. Esta distinción, que puede parecer un detalle menor, es fundamental para la comprensión y, sobre todo, para la utilización de “Yi”.

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“El Pensador”, estereotipo occidental de la actividad mental

Para que “Yi” se manifieste no basta con “pensar”, es necesario que el pensamiento sea seguro, enfocado y asertivo.

Por lo antes dicho es que considero preferible traducir “Yi” como “intención”, o según las palabras del Maestro Liu Pai Lin “intención sincera del corazón”. De este modo queda especificada la necesidad de foco, de concentración de la mente, pero también el hecho de que la misma no puede contradecir los deseos y sentires del individuo. Vale decir, el pensar y el sentir deben unificarse en la acción. Esto, para nosotros, hombres occidentales modernos, con nuestras mentes vagando perdidas entre preocupaciones y pensamientos, y a quienes el inmenso ruido (interno y externo) casi no nos permite oír nuestro propios sentimientos y necesidades, suele resultarnos sumamente difícil.

Entonces, ante estas dificultades, ¿cómo usar Yi? Afortunadamente existen algunos métodos, algunas herramientas que nos permiten enfocar nuestro pensamiento de modo que Yi se exprese. Los dos principales son el traslado de la atención y la visualización.

Trasladar la atención consiste en concentrar la mente en un lugar determinado (una zona del cuerpo, o eventualmente fuera del mismo). La visualización en cambio usa elementos de nuestras vivencias cotidianas para ayudar a nuestra mente a controlar elementos más sutiles sobre los cuales no solemos tener control conciente. Todo el tiempo en la práctica de

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Raíces en los pies, visualización clásica del Taijiquan.

Taijiquan usamos imágenes tales como estar suspendido desde la cima de la cabeza, tener raíces en los pies o imaginar el aire entrando y saliendo del vientre. Dichas imágenes ayudan a enfocar la mente, a afinar nuestro Yi, y son necesarias sobre todo en cuestiones que por ser ajenas a la realidad palpable, son difíciles de conceptuar (por ej: el flujo de Qi en el cuerpo).

Obviamente, para cualquiera de los métodos antes dichos es necesaria (al menos al comienzo) la orientación de un instructor que nos especifique en los diferentes ejercicios o técnicas que y cómo visualizar y/o dónde trasladar la mente. Con el tiempo el practicante podrá desarrollar sus propias imágenes y, eventualmente, cuando su Yi esté lo suficientemente desarrollado, prescindir de dichos métodos.

Por otra parte, cabe hacer algunas precisiones respecto a la visualización, para evitar malos entendidos. Visualizar no es meramente imaginar o pensar. Es necesario creer en lo que se visualiza, aceptarlo como una realidad fuera de dudas, de otro modo la mente está dividida y el Yi es débil. Por otro lado, no cualquier visualización trabaja el Yi. Imágenes como “estar en un prado frente a un río” o similares ayudan a relajar la mente y el cuerpo, pero no aportan nada al trabajo de la intención, incluso pueden favorecer la dispersión del pensamiento en lugar de su concentración.

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Las proezas de los maestros de Taijiquan se deben en gran medida a la claridad y fuerza de su “intención”.

Taijiquan implica necesariamente uso de la energía interna, y para esto es indispensable el adecuado uso de Yi, esto no debe nunca olvidarse. La diferencia entre una técnica realizada “con el cuerpo” solamente y una acompañada por un correcto “enfoque” de nuestro Yi suele ser muy grande, tanto en efectividad y potencia como en comodidad de quien la ejecuta.

Por último, recuerden, si bien este “entrenamiento mental” del  Taijiquan puede resultar dificultoso y hasta molesto al principio, sobre todo para quienes busquen usar la práctica para “descansar la mente” luego de un día de preocupaciones, es indispensable para progresar en el arte. Como en cualquier ejercicio, las dificultades iniciales se irán disipando con el tiempo, si se tiene constancia y perseverancia.

Leonardo Ratto

NOTAS:

(1) – “El Dao en acción”, ediciones “Árbol editorial”, 1992, pág. 67.

Hacia una visión integral del Tui Shou

septiembre 29, 2009

Como es bien sabido el Tui Shou o “empuje de manos” forma parte del entrenamiento del Taijiquan desde sus orígenes, independientemente de la escuela o estilo que se practique. De hecho, todos los textos antiguos sobre este arte hacen referencia explícita a dicha área de la práctica, cuando no se centran directamente en ella.

Ilustraciones Tui Shou Sin embargo, es relativamente común en la actualidad, encontrarse con practicantes avanzados, e incluso instructores, que no sólo no practican, si no que desconocen los aspectos más básicos del empuje de manos. Curioso resulta que cuando se les pregunta acerca del por qué, la respuesta más común es: “No, a mí la parte marcial no me interesa”.

Dejando de lado el menosprecio por el aspecto marcial en sí (tema que trataremos en otra ocasión), el circunscribir el Tui Shou a esta área es un error conceptual importante. El Taijiquan es un todo integrado, en el cual cada parte refuerza y refleja al resto, por lo cual cualquier subdivisión de su práctica que se efectúe (qigong, forma, tui shou, meditación, etc.) debe necesariamente contemplar todas las finalidades de la misma (terapéutica, marcial, espiritual, etc.). Si bien es cierto que el trabajo marcial del Taijiquan comienza con el Tui Shou, no es menos cierto que los restantes aspectos del arte también se expresan en el mismo.

Tui Shou, interacción dinámica entre Yin y Yang.

Tui Shou, interacción dinámica entre Yin y Yang.

Más allá de ésto, el empuje de manos tiene algunas características que lo hacen sumamente útil (por no decir insustituible) como ayuda para la profundización de la práctica.

Por muy autocrítico que uno sea, su capacidad de auto-observación siempre es limitada y subjetiva. Muchas veces cometemos errores que, por estar muy arraigados o por ser muy sutiles, no podemos percibir por nosotros mismos y que incluso las indicaciones orales de quien nos enseña no logran que tomemos conciencia de ellos. Cuando “cruzamos manos” con un compañero, éste nos sirve de espejo. Su acción física directa sobre nuestro cuerpo nos muestra las falencias de nuestra práctica, incluso aquellas que no son notorias exteriormente. El trabajo del Tui Shou pone de manifiesto nuestras rigideces, durezas, excesos, deficiencias, desequilibrios, etc., sin lugar a dudas ni a interpretaciones ambiguas. Si, por ejemplo, cuando hago empuje de manos mi postura es inestable, también es inestable cuando practico en solitario, por muy equilibrado y armónico que me sienta.

Por otra parte, el Taijiquan es una disciplina que se debe aplicar a la vida cotidiana. Restringirla al ámbito de una clase es desperdiciar sus abundantes virtudes en vana autocomplacencia. No me refiero con esto tan sólo a que se deba practicar la forma o ejercicios de Qigong con asiduidad (lo que es bueno), ni mucho menos a la eventualidad de usar una técnica como defensa personal, si no al fin último (o quizás penúltimo) de este arte: incorporar los principios de Taiji al hacer cotidiano y fluir por la vida de un modo natural y armonioso.

Las dificultades para esto suelen hacerse notorias en el relacionamiento con los demás. O sea, sentirse armónico estando uno sólo, tranquilo y sin nadie que lo moleste es relativamente fácil, mantener ese estado al interactuar con amigos, parientes, vecinos, jefes, compañeros de trabajo, guardas y choferes, etc., sumamente difícil.

El Tui Shou nos propone un modelo de interacción “dosificada” con el otro, un intercambio establecido con pautas claras y sencillas donde comenzar a aplicar los principios de Taijiquan. Se genera, por así decirlo, una versión simplificada de las relaciones humanas donde puede verse con mayor claridad nuestras dificultades de interacción. Y repito, no hay lugar para segundas interpretaciones ni peros, lo que se muestra es porque está.

Si Ud. es de los que se sienten incómodos al practicar empuje de manos, pregúntese: ¿por qué?

Maestro Zheng Man Qing "desenraizando" a un oponente

Maestro Zheng Man Qing “desenraizando” a un oponente

¿Por qué me pone incómodo interactuar con un compañero? ¿Por qué, si me siento sumamente relajado al practicar sólo, basta que alguien se ponga frente a mí para que todo mi cuerpo se tense? ¿Por qué si siento que mi postura es firme y enraizada, cualquiera puede desequilibrarme sin dificultad? ¿Por qué una acción tan simple e inofensiva como un suave empuje (realizado por un compañero con quien tengo cierta confianza y que no pretende lastimarme) la siento como un ataque o un peligro? O a la inversa, ¿por qué alguien que parece sumamente suave y amable, al practicar Tui Shou se torna brusco y torpe y hace uso de una fuerza desmedida?

Estas son sólo algunos ejemplos de las cosas que pueden verse comunmente en la práctica de empuje de manos. Allí suelen quedar al descubierto no sólo nuestros errores técnicos, si no también nuestras personalidades, nuestra coraza caracteriológica y nuestras “aristas internas”. El Tui Shou bien entendido puede ser una magnífica herramienta de autoconocimiento, sólo se necesita sinceridad al practicarlo y una mínima capacidad de autocrítica.

Finalmente, me permito hacer algunas recomendaciones a quienes estén comenzando a incursionar en esta maravillosa disciplina o deseen hacerlo:

  • No se preocupen por “ganar” o “perder”. Si bien el objetivo del Tui Shou es desequilibrar al contrario sin que él me desequilibre, su fin último es incorporar los principios del Taijiquan. El ansia por vencer nos aleja de ese objetivo. Recuerden, siempre es preferible ser derrotado habiendo usado una técnica correcta, que vencer usando una técnica deficiente.
  • No se desanimen si al principio son derribados facilmente. Siempre es bueno invertir en pérdidas, osea, tratar de aprender de nuestras derrotas más que de nuestras victorias. Cada vez que mi oponente me saca de centro, me está mostrando algo a corregir, por lo que debería alegrarme.
  • Traten de trasladar lo aprendido en la práctica en solitario al Tui Shou y viceversa. Recuerden que son distintas facetas de un todo, necesariamente están integradas.
  • Cada compañero es distinto. Practiquen con todos los que puedan, sobre todo con quienes los superen en experiencia, de ellos es de quienes se aprende más.
  • Ante las dificultades que puedan surgir en la práctica, nunca busquen la responsabilidad en el otro. Si mi Taijiquan fuera perfecto tendría que poder lidiar con cualquiera sin problemas, por más bruto, grande, rápido, fuerte u obtuso que fuera, así que traten de mejorar ustedes (esto es algo que vale la pena tratar de aplicar en todos los ámbitos de la vida).
  • Por sobre todo, diviértanse. Si se preocupan se tensarán, no lo duden. Tómenlo de un modo lúdico y verán como todo fluye de una mejor forma.

Leonardo Ratto

Algunas consideraciones acerca de la estructura externa del Taijiquan.

marzo 11, 2009

El Taijiquan es un todo armónico, y es imposible lograr un progreso sostenible dentro del mismo si no se cultivan todas sus facetas por igual.

Lamentablemente, conjugar los distintos aspectos de la práctica del Taijiquan de forma adecuada suele ser bastante dificultoso, sobretodo para los principiantes.

Si sumamos a esto, el hecho de que, dadas las características de la disciplina, el principal interés de los mismos suele ser su cualidad desestresante, calmante y meditativa (vale decir, la parte interna), es bastante habitual que el entrenamiento de su parte externa se vea relegado a un segundo plano, cuando no, ignorado.

Maestro Zheng Man Ching

Maestro Zheng Man Ching

De hecho, es relativamente común (en principiantes y no tanto) encontrarse con varios errores de concepto a este respecto, de los cuales resaltaremos dos.

El primero ocurre a los practicantes cuyo principal interés en este arte radica en su uso como herramienta “armonizadora y desestresante”. Suele verse en estos casos una desatención de la estructura del cuerpo, un desentenderse de los aspectos mecánicos de las figuras en pos de lograr una mayor relajación y disfrute de la práctica.

El segundo error, muy frecuente en las personas interesadas en la parte “artística” de la disciplina y en algunos de quienes gustan de participar en competencias de formas, es el priorizar la “postura gimnástica”, es decir, dar más importancia a realizar posturas bajas y movimientos armados y estéticos, que a una correcta aplicación de los principios energéticos y mecánicos.

Cualquiera de los dos casos descriptos, cometen el error de no abordar correctamente el aspecto externo del Taijiquan en relación con su aspecto interno. Uno peca por falta y el otro por exceso. Trataré de explicarme mejor.

Es un gran error confundir “atención” con “tensión”. La relajación es imprescindible para el desarrollo de todas las potencialidades del Taijiquan y para lograrla es necesario deshacerse de todas las tensiones del cuerpo y la mente; pero, para lograr esto, se debe atender el estado actual de la estructura corporal y del movimiento que esta realiza, con el fin de localizar dichas tensiones y disolverlas. Taijiquan es movimiento conciente por excelencia, esto no debe perderse nunca de vista.

Pero esto no implica copiar los aspectos formales de cada figura como si se tratara de una coreografía, sino de buscar mediante la correcta aplicación de las reglas generales de la mecánica y energética del Taijiquan, la comprensión de su esencia subyacente.

Por otra parte, un exceso de tensión provocado por forzar posturas y movimientos de acuerdo a criterios que no contemplan aspectos tan importantes como la relajación y la fluidez, no solo es incorrecto, también es peligroso.

Maestro Yang Zhenduo

Maestro Yang Zhenduo

El Taijiquan es una práctica que atiende cuerpo, mente y espíritu a la vez, y es necesario para que esto se cumpla, que el practicante busque comprender e integrar estos aspectos.

Así como la parte externa de esta disciplina no tiene sentido sin un adecuado trabajo de la parte interna, tampoco es pasible hablar de trabajo interno si desatendemos el entrenamiento de nuestro cuerpo físico. No hay Inn sin Yang, ni Yang sin Inn.

Sus movimientos se basan en un profundo estudio de la biomecánica y de la estructura energética del ser humano. El cuerpo tiene una forma de moverse que le es natural y que potencia la eficacia de cada acción, desatender estas reglas sólo provoca un considerable desperdicio de esfuerzo y energía. Se puede clavar un clavo con una pinza, pero es mucho mejor usar un martillo.

La correcta aplicación de lo antes dicho es lo que proporciona el marco necesario para que la relajación y el incremento del flujo de energía sean posibles.

Este es un trabajo arduo, que cada practicante debe realizar con la ayuda y guía de su instructor o maestro, sin embargo, existen algunos puntos fundamentales, comunes a todos los estilos de Taijiquan, que considero pertinente mencionar, a fin de ilustrar lo antes expuesto y, por qué no, como ayuda al principiante.

1- Pies firmes: La posición de pies puede variar entre los diferentes estilos y/o maestros de Taijiquan, así como la manera de apoyarlos en el suelo, pero una condición indispensable para un correcto enraizamiento y sostén de las técnicas es que ninguno de éstos (posición y apoyo) sean “aleatorios”. ¿Qué quiero decir con esto? Se debe tener conciencia de dónde y cómo apoyo los pies, y, sobre todo, una vez que están “plantados”, no deben moverse de forma involuntaria. Vale decir, no debo cambiar el apoyo, la posición o compensar de algún modo, ni levantar alguna parte del pié, sin una razón relacionada a la correcta ejecución de la técnica.

2- Rodillas alineadas: Así como los pies del practicante deben supeditarse a su control conciente, otro tanto ocurre con las rodillas. Éstas son las que permiten la transmisión del jing(1) desde los pies hacia la cadera y su posición (si bien puede variar según cada escuela) debe ser consecuente con esta función. Esto no significa que deban estar rígidas, al contrario, pero es fundamental que no queden “a su libre albedrío”. Esto no solo representa un desperdicio de energía e imposibilita un correcto enraizamiento, sino que aumenta considerablemente el riesgo de lesiones.

3- Columna estirada: La posición “estándar” de la columna vertebral en el Taijiquan es recta y vertical, “como sostenido por un hilo desde la cima de la cabeza”. Esta regla tiene excepciones, según los distintos movimientos, y su interpretación puede variar de un estilo a otro, pero siempre debe existir al menos una tendencia a la verticalidad. Siempre debe estar presente la idea de suspensión desde arriba. La columna debe tender a formar una línea recta, lo que supone que la cabeza no debe inclinarse, la nuca debe estirarse (alinear las vértebras cervicales) y la curvatura lumbar reducirse lo más posible. Es frecuente ver practicantes que “sacan cola” (esto suele ocurrir para compensar la falta de movilidad de la articulación coxo-femoral), lo que genera tensión en la zona lumbar y corta el flujo de energía entre la piernas y el tronco.

4- Hombros bajos: Éste es un concepto básico y conocido por cualquier practicante, pero difícil de poner en práctica. Los hombros deben estar completamente relajados y caer por su propio peso. No hay mucho más que decir.

5- Articulaciones desbloqueadas: Las articulaciones del cuerpo nunca deben trabarse o estar rígidas, esto bloquea el flujo de qi(2). En la práctica la aplicación de esto puede variar, pero la mayoría de los estilos lo traducen en nunca estirar del todo las extremidades, nunca llegar al límite posible del movimiento. Como ya dije, hay estilos que interpretan este concepto de otro modo y también pueden existir excepciones en alguna figura puntual.

6- Unidad del cuerpo: El cuerpo debe moverse como un todo armónico. A donde va una parte va el resto y ninguna parte queda atrás cuando el conjunto se mueve. Si las distintas partes actúan independientemente la energía se disipa y la técnica no cumple propósito alguno. Para evitar esto se deben tener en cuenta dos puntos: no excederse en el alcance del movimiento y referenciar el mismo en la cintura. Nuestro cuerpo tiene un rango de acción dentro del cual puede moverse de forma equilibrada y cómoda; es esencial no salirse del mismo. A su vez, el modo más sencillo de que un conjunto de partes se mueva ordenadamente es que todas las partes se subordinen a un mando central (como un ejército es comandado por su general o un equipo de fútbol por su director técnico). En nuestro cuerpo este mando está en la cintura y allí debe supeditarse el resto.

Estos seis puntos constituyen algunas de las reglas más básicas del movimiento en el Taijiquan. Existen otras que no he incluido para no excederme en esta intervención más de lo prudente y porque su explicación por escrito se tornaría muy engorrosa. Asimismo cabe aclarar que sólo he tocado aspectos externos de la práctica, quedando para otra ocasión los aspectos internos de la misma.

  • 1) Jing: Pronúnciese “ching”. Suele traducirse como “energía tendinosa” o “energía tenaz”, en contraposición a “Li” o fuerza muscular. Este concepto ameritaría un libro al respecto, pero a efectos prácticos diremos que es el tipo de energía que usamos para movernos en Taijiquan.
  • 2) Qi: Pronúnciese “chi”. Es la palabra china que designa a la energía, o a la energía vital. Esta traducción es sumamente burda, trataré de escribir un texto más completo al respecto en el futuro.

Leonardo Ratto